Tus números, y quién puede verlos.
En esta página no pone «máxima protección». Pone qué hace el programa, para que puedas pedir cuentas.
La base de datos no se fía del programa. Cada tabla tiene una regla que deja leer y escribir solo las filas de quien ha entrado: si mañana el programa tuviera un fallo y pidiera los datos de otro, sería la base de datos la que dijera que no.
El acceso del despacho no es una llave general: pasa por una autorización que das tú, cliente por cliente, y que puedes quitar. Mientras no la des, para él tu cuenta no existe.
Las áreas se asignan una a una. Quien no tiene un área no la ve cerrada con candado: no la ve en absoluto, porque «existe pero no puedes» ya es una información.
Cuando el despacho abre los datos de un cliente, queda constancia de quién y cuándo. Sirve después, cuando algo ha salido mal y hay que reconstruir quién vio qué.
De 85 tablas de la base de datos, 85 tienen la regla activada. El número se cuenta del esquema mientras se escribe esta página: no es una promesa, es una medida.
Corre en una caja cerrada: no lee tus archivos, no lanza comandos, no tiene acceso al sistema. Las protecciones del navegador siguen todas encendidas también dentro del programa instalado.
La conexión con la caja registradora, que está en la red local. Dos funciones, no un permiso genérico de salir a internet: si la página pidiera llamar a un sitio cualquiera, la petición se rechazaría antes de salir.
El programa para Mac está firmado con un certificado registrado y verificado por Apple antes de publicarlo. Un archivo descargado que no lo estuviera, macOS lo bloquearía — y hace bien.
Cada actualización trae la huella de lo que debería ser. Si el archivo descargado no coincide, no se instala.
Los pagos pasan por Stripe, que guarda los datos de la tarjeta en sus sistemas. QuotaQuid solo recibe la confirmación de que has pagado y de qué plan: el número de la tarjeta no entra en nuestra base de datos, así que no se puede perder.
El campo que dice qué suscripción tienes no se puede modificar desde el programa: lo escribe el servidor de Stripe cuando el pago funciona, y la base de datos rechaza a cualquier otro. Antes bastaba la consola del navegador para darse el plan más alto — ahora no.
Si dejas de pagar, la cuenta baja al plan de entrada y se apagan las funciones de los planes superiores. Los datos se quedan donde están: las facturas que has emitido, los gastos, los clientes. Si vuelves, los encuentras. Borrar a quien deja de pagar sería legal, y sería la forma más rápida de que no volviera nunca.
